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Hay un barco en medio del mar y ese es el mío,
también hay más barcos
encallados en el puerto todos juntos,
pero no me corresponden.


Yo salgo a navegar, esa es mi condición.

Salgo a enfrentarme a tus animales, a las olas,
a tragar agua salada,
a llorar de rabia por no ver la puta orilla
y a sentir el miedo
al observar la aleta de un tiburón
rodear todo mi vulnerable cuerpo.

Puede que ya nunca vea tierra firme,
pero si algún día el azar de la marea,
la salud o mi constante lucha
hacen que lo consiga,
no podré estar mucho tiempo sentado agradeciéndolo.

Volveré a mojarme,
volveré a vomitar de tanto tragar agua.

Volveré, lo juro que volveré.
Volveré a sentir que empiezo de cero,
desterrando de mí lo que fui
con todos los buenos recuerdos,
para sentir el poder que sentía al principio
cuando el mar entero se me quedaba pequeño.

 

Jaime Hernández Díaz.
Foto: Hara Amorós